PREGÓN DEL COSTALERO 2008
ANGEL DE LAS HERAS GARCÍA DE VINUESA
EL VÍDEO
TEXTO ÍNTEGRO DEL PREGÓN
Apenas faltan16 días, para que te vuelvas a calzar el esparto y acomodar el costal. Tan solo 16 cruces son las que esperan ser trazadas en el calendario del escritorio, donde día a día has ido marcando la anhelante llegada de tu gran pasión. En las cuaresmales vísperas, de manera atropellada se suceden los acontecimientos, que te confirman el cumplimiento de los ciclos. Últimos ensayos, papeleta de sitio, misa de hermandad,..., todos ellos momentos preparatorios que culminan en la salida procesional de tu hermandad. Quien te iba a decir, que aquella presurosa decisión tomada por el ímpetu juvenil, fruto del desafío con la pandilla de la calle, te sellaría un compromiso inquebrantable de más de diez años. Y es que la trabajadera ha pasado a formar parte de ti, el mundo del costal es tu filosofía de la vida, y el amparo protector que percibes al cobijo de los faldones, te da respuesta ante la inquietud de vernos en el precipicio de la soledad, en los insufribles retos que nos depara la vida. Costalero emeritense, orgullo del buen hacer. Sintiéndote participe de tu cuadrilla, esa familia que a través de los ojos del capataz, portáis al Redentor, al Dios de Dios, Luz de Luz. Alfa y omega de nuestra existencia, Dejas guiarte por la senda marcada, consciente que serás participe junto a El y Su Bendita Madre de la gloria celestial. Vicarios episcopales y director espiritual de la Hermandad del Calvario Dignísimas autoridades Presidente y hermanos mayores de la Junta Local de la Semana Santa de Mérida Querido Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad del Calvario Estimado presentador, agradecerte el perfecto semblante que has hecho del pregonero, cargado de inmerecidos elogios justificados por la amistad que nos une. Ha sido el mejor prólogo que se podía escribir para este pregón Hermanos en el Señor Señoras, señores Costalero En más de una ocasión, te has encomendado a Ella, y has tenido el enorme privilegio de sentir su maternal ayuda en esos difíciles momentos del recorrido procesional. Madre! aquí me tienes nuevamente bajo tu manto, fundido a la trabajadora. A la carga recibida este año, se le suma la debilidad pareja con el paso del tiempo. Por eso madre, viendo que flojean mis fuerzas, recurro a tu incondicional auxilio, para que me des el aliento necesario con el que poder llevarte de vuelta a casa. Tras la plegaria realizada, notabas como milagrosamente el portentoso trono donde se manifiesta su exultante y regio poderío, era aliviado de la pesada carga, y tras los últimos golpes de llamador, conseguías que los cuatros zancos descansasen donde horas antes dabas comienzo la Estación de Penitencia. Esta complicada empresa que nos ha sido encomendada de contar a vosotros y de vosotros lo que significa el mundo del costal, se ve afortunadamente paliada si recurrimos a la licencia de perdernos por unos instantes, en la mirada de nuestros amantísimos titulares. Esas ventanas a través de las cuales nos asomamos a Su interior, nos hacen comprender el porqué y para que del esfuerzo sobrehumano que realizáis. El pregonero ha tenido la osadía de subir a este atril para entregaros su pregón, acompañándolo únicamente por las dos mejores credenciales que puede aportar: La partida de bautismo, por la que orgullosamente fue incorporado al reino de Dios por aquellos que me dieron la vida, gracias. Y la papeleta de sitio de mi querida hermandad del Calvario, donde con el cumplimento de cuaresmas va madurando y conformándose el corazón cofrade. Colmado de la más rancia tradición de mis mayores, asimile los principios de hermandad que mi abuelo y mi padre sabiamente han conseguido transmitirme. La familia y la veneración al Santísimo Cristo del Calvario, han ido trenzando los más intensos y bellos lazos de amor a través de los tiempos. En la tarde del Viernes Santo, finalizada la comida con el tradicional bacalao de llella lola, tres generaciones de túnicas moradas y capas blancas enfilan la calle calvario en su particular Estación de Penitencia, para incorporarse al desfile procesional que custodia la urna de plata con Cristo Yacente. El pregonero recuerda con especial cariño, aquellos primeros años donde empezaba a descubrir el mundo del capataz, cuando siguiendo las indicaciones de su padre, un niño de apenas 7 años acariciaba el degustado terciopelo negro, de la delantera de paso pronunciando torpemente un "Juan, vámonos!" Santísimo Cristo del Calvario, la primera y única vez que tuve la ocasión de sentir lo que significa ser costalero, tuvo que ser contigo. Era una gélida noche de febrero. Entrados ya en los prolegómenos de la cuaresma, se realizaba uno de los últimos ensayos de la cuadrilla y faltaban costaleros. Ángel, por qué no te entras? sin pensarlo dos veces acomode el hombro al varal y sentí el golpe de llamador que demandaba la levanta. Rachear acompasado, trabajo al unísono, ensordecedor silencio que te hacen participe de una inquebrantable unidad fraternal; todo ello te dan testimonio real de lo que siente el costalero portando a sus titulares. Comprendes entonces, que la satisfacción recibida llevando sobre los hombros a la más perfecta manifestación divina, que manos angelicales pudieran tallar, recompensa con creces todo el esfuerzo realizado. Pero pongamos la mirada atrás por unos momentos, para recordar como fue el proceso que llevo a decidirte a ti por ser costalero y las distintas opciones que tú analizases para tal elección. Todo empezó en un primaveral mes de marzo hace ya algunos años. Os encontrabais, como cualquier tarde jugando y charlando en la empedrada calle donde todos nacisteis. A lo lejos, escuchasteis los primeros sones de cornetas y tambores, que viajaban suspendidos en el aire procedente de las márgenes del río. Embebidos en esta atmósfera, que avivo la llama perenne de vuestro sentir cofrade, decidisteis que ya había llegado la hora de ceñiros el costal. Aquel desafío rápidamente lo aceptaste pues era un reto que siempre ansiabas alcanzar, cuando veías transcurrir los pasos en Semana Santa. "Y donde salgo yo de costalero?". Eras un capillita que todos los años recorrías la ciudad para ver en tus rincones preferido a cada hermandad, conocías perfectamente los entresijos de cada una de ella, sus estrenos y hasta la banda que acompañaba a cada paso. Pero nunca te habías planteado en cual de ellos hacer tu bautismo en el mundo de la trabajadera. Para tomar tal decisión vivirás la Semana Santa de ese año analizándola desde un nuevo punto de vista. Y así, se te pudo ver en el dintel de nuestra seo catedralicia en la tarde del lunes santo, exhorto en la laboriosa y complicada salida del paso de palio. 27 corazones engarzados por el amor a María Santísima, conformando un rosario de entrega plena, desafían a las leyes de la física, consiguiendo obrar el milagro de la primera levanta. La voz del capataz se hace dueña del silencio de la noche y Nuestra Señora del Rosario, cuyos benditos labios entreabiertos proclaman su infinito y eterno amor maternal, es alzada al cielo de Mérida con exquisita perfección. Ante tan inmaculado rostro, azucenas y azahar se disputaran entre ellos, quien tendrá la dicha de brindarle el blanco más puro. Descubriste el extraordinario y poco valorado esfuerzo que encontramos en aquellas hermandades venidas de las zonas periféricas al centro de la ciudad en su Estación de Penitencia por carrera oficial. Entre ella, situamos la cofradía de San Juan. De muy reciente creación, pero a la que se le puede aventurar un fructífero horizonte, si nos atenemos a los resultados ya obtenidos reflejo del despertar cofrade, de un barrio injustamente privado de su hermandad a lo largo de la historia. A buen seguro encontraremos en torno a ella una buena cantera de costaleros, que serán todo amor a la hora de portar al Cristo de la Humildad y Nuestra Señora de las Lágrimas, advocación de María Santísima, a la que la luna quiso regalar su mejor sonrisa con la que iluminar tan bello rostro. Junto a ella, surge la otra hermandad novel emeritense, la hermandad de la Santa Cena erigida en la barriada de la Argentina. Observaste el discurrir de la canasta de mayores dimensiones, para el grupo escultórico más nutrido de nuestra Semana Mayor, representando el momento en el que el Señor instaura el sacramento de la Eucaristía por la adoquinada calle Graciano. Al fondo, unos de los mejores marcos que esta ciudad puede ofrecer, la pétrea y robusta fabrica granítica del alcazaba. En esos instantes comprendemos por que los hombres, partiendo de la nada y con todo el tesón necesario, podemos dar forma, las más asombrosas manifestaciones de culto público hacia el Hijo de Dios y su amantísima Madre. Señora del Patrocinio, nunca se podrá igualar el cariño entregado por tus costaleras, para que ese manantial donde se concentran todas las grandezas que de la Madre de Dios se puedan proclamar, riegue de felicidad con su presencia, el reseco sendero de nuestra vida cotidiana. La hermandad de las tres caídas, la vera-cruz y el prendimiento, vienen a cerrar ese grupo de cofradías portadoras de este trabajo digno de resaltar. Pero si hay un palio que merece todo tipo de reseñas a su buen hacer, es aquel que en la mística calle cárdenas, entre aromas de oración y clausura, te llego a robar el corazón. Atravesando el crisol de la madrugada, un rachear acompasado anunciaba su eminente llegada. El tosco y desnudo muro del convento de las encerradas, se iba tamizando del juguetón parpadeo de la candelería, y en aquel mágico momento, quedaste impregnado de la mirada más bonita, que jamás habías podido contemplar. María de Nazaret, la virgen de los ojos verdes. Venia portada en una ejemplar chicota, escribiendo con sus bambalinas magníficos versos cofrades en el celeste lienzo de la tarde del amor fraterno. Viendo alejarse tan docta lección del buen andar, llegaste a comprender como se puede alcanzar la perfección del buen trabajo. Déjame cantar tus gracias Y poder decirte guapa Piropear tus encantos Emeritense del alma. Déjame ser espejo Que tu imagen atrapara Cofre cristalino Que tu luz guardara Déjame ser lucero De tu noche plateada Para vivir eternamente En tu verde mirada María de Nazaret Madre inmaculada Dios te salve María Llena eres de gracia
En aquellos días con las calles alfombradas, por la cera derretida, el incienso y el sudor de nuestros costaleros, pudiste contemplar a través de la riquísima catequesis plástica, lo que significa la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo escrita según Mérida. En un claro ejemplo a imitar, los más jóvenes del gremio en la tarde del Domingo de Ramos, atraviesan el cancel de la Semana Santa y con una singularidad en su esplendido porte, llevan triunfante a Cristo Rey para que haga su entrada en la antigua Emérita Augusta. Entre jóvenes palmas y abriendo los primeros tramos, la niña Eulalia portará la cruz que nos guía, a la que se abrazó incondicionalmente, movida por el amor profesado a Dios. Esta cuadrilla dará el relevo en la calle, al primero de los pasos de la centenaria hermandad del Calvario. En una bombonera de plata y exquisita pulcritud en el andar, se nos muestra de manera insuperable, la dramática oración al Padre al cobijo del olivo, que horas más tardes nos entregara el madero de la crucifixión. En Santa Catalina naciste, y por las calles de la Paz distes los primeros pasos. No podemos encontrar mejor preludio para dar comienzo a la tarde cofrade por antonomasia. Tu dolorosa daría nombre a la desaparecida barriada, donde Dios realmente se hacía presente día a día saliendo a nuestro encuentro y al que tantas veces, negábamos el agua o vendíamos con el beso de la traición. Finalizada pues, la oración al Padre, Judas se acerca al Maestro y con el beso infame dará comienzo a los crueles instantes de la pasión. La plasticidad del misterio de Avalos, aumenta a cotas inabarcables cuando el Señor camina sobre los pies de sus costaleros. Con una zancada abierta, marcando bien los costeros, el misterio se abre camino hacia el patíbulo emeritense de la Plaza de España, donde se realizará el azote de su divino cuerpo, con los fragelos del abandono y la negación, proclamándose injurias y burlas revestidas de morado, durante la coronación de espinas de las divinas sienes del Cristo de Medinaceli. Con el cuerpo abatido por el tremendo dolor sufrido, Jesús manifestando su humildad, nos conmoverá ante el incomprensible abrazo a la cruz, recibida al inicio del desgarrador vía crucis camino del Calvario. En este pasaje hayamos, la grandeza del contraste emeritense. En el templo catedralicio nos aguarda, aquel que saliera de la gubia de Pineda Calderón, con una perfección imposible de repetir. En la basílica eulaliense encontramos, aquel de anónima factura que no hace más que reafirmar, que obra tan divina no puede ser tallada por hombres. Uno lleva, la mejor oración musical que se puedan interpretar, mitigando su calvario. El otro, la sinfonía del silencio, que enfatiza más aun si cabe la pasión.
dos formas bien distintas para llegar a la verdadera y única reflexión que en esta bendita tierra bebiendo lagrimas de dolor portando nuestra pesada cruz está pasando el Señor misericordia divina bálsamo rebosante de amor
Y caerá tres veces. Pero a buen seguro que tus hijos de Nueva Ciudad, manifestando la fe que te tributan, harán de cirineo para ayudarte en esa levanta, y proseguir el tormentoso transito al Gólgota donde cruelmente serás crucificado. La noche, revestida con las primeras albas primaverales, traerá nuevamente su exploradora mirada a las mansas orillas del portentoso río Anas, y grabara en las milenarias piedras del viejo puente la presencia de Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre. Nuestra Señora de la Misericordia, Mérida te pondrá por palio el celeste más intenso que podamos imaginar, colmándolo de las más fulgurantes estrellas que iluminaran el momento de tu recogida. Un torrente incontenible de devoción lleva en volandas al objeto de sus desvelos. Todo un barrio que te quiere y te venera, a quien se les hace siglos, las horas que atravesando el puente, dejas huérfanos de tu amor. Cristo de la Vera-cruz, hay tanta perfección en tu semblante, que al acercarnos a tu divino rostro, podemos sentir la ultima exhalación que despojara el alma de tu divino cuerpo. Pater, inmanus tuas comendo spiritum meum Cristo acaba de entregar su vida en la cruz, por nosotros. Es llevado en portentosa canasta de caoba, flanqueado por la luz fúnebre de sus 4 hachones, concediéndonos inmerecidamente remedios a nuestros pecados. Cristo de la O, quisiera cobijarme en la llaga de tu costado, inmerso en el amor profundo que encierra tu corazón. Todo está cumplido. El cuerpo ya sin vida es descendido de la cruz y depositado a los brazos de la madre. Transito de unos brazos leñosos fríos y muertos, a los de una madre rota por el dolor. De esta forma, el Señor vuelve a descansar en el retoño maternal como hiciera aquel 25 de diciembre 33 años atrás. Nuestra señora de las Angustias, con el sudario suspendido de la cruz desnuda que a modo de bambalina acompasa el armónico rachear de la cuadrilla. Solo tenemos que contemplar tu bellísimo rostro castellano y encontraremos en él reflejada, la luz que nos habla de esperanza. Jamás se podrá encontrar gema más preciosa que iguale tu exquisita presencia. En horas tan amargas de pasión , tu cuadrilla de costaleros hará un esfuerzo inexplicable, para realizar dos ejemplares Estaciones de Penitencias separadas apenas por las primeras horas matinales. Están tocados por tu gracia y solo así podemos explicarnos el impresionante trabajo realizado. Viernes Santo por la tarde, el cuerpo ya sin vida es portado en su catafalco de plata y cristal, en la comitiva más solemne que la ciudad pueda tributar. Se ha hecho el silencio. Amortajado en cantos gregorianos y perfumado por las lágrimas de su amado pueblo, El Dios hecho hombre desciende a la tierra cubierta por las tinieblas del desaliento y desamparo. Costalero, mas cortita esa mecida, que el Señor está dormido, y en sus sueños, va creando la gloria divina. Y María, se quedará sola. La santísima Virgen de los Dolores, decana de nuestras dolorosas, señorío en la jornada oficial del Viernes Santo, es arropada en la soledad de la fría y larga noche de la muerte del Redentor, por miles de mujeres que le vienen a consolar. Tendrá solo Ella, el honroso privilegio de cerrar las puertas de la semana de pasión en su última chicota, a la espera de la necesaria resurrección del salvador. Aleluya, Hermanos!! El Señor, ha resucitado en el atrio de Santa Eulalia, en presencia de una de las más bellas rosas, que componen el ramillete de advocaciones marianas que bendicen nuestra ciudad. Nuestra señora del Mayor Dolor. Ahora si, ahora todo tiene sentido. El Rey de Reyes, Redentor del mundo, nos abre las puertas de la vida nueva, donde disfrutar eternamente de su presencia. Siete jornadas cumplidas Atravesando el corazón de María Pasión, Muerte y Resurrección Abrieron la gloria divina. Sobre los pies de sus costaleros Con la faja bien ceñida Mérida portará en hombros Rindiéndole pleitesía El es la luz del mundo Fuente eterna de vida Nuestro Señor Jesucristo Amanecer del nuevo día Concluida la Semana Santa, agolpándose en el recuerdo un cúmulo incesante de momentos vividos tan especiales, nuestro joven e inexperto costalero tomo su decisión. Consciente, de que Ella era quien le había elegido, recordaba el momento donde sus caminos se cruzaron. Todo ocurrió en el callejón que lleva su nombre. Saboreando al abrigo de la noche la instantánea vivida del tránsito del Señor con su poderoso caminar, se percato de que la misteriosa penumbra existente en la sinuosa calle, se fue gradualmente iluminando con el derroche de luz y esplendor de su presencia. El sol le ha regalado sus mejores destellos, traídos por dos furtivos luceros hasta sus pies. El aroma de rosa, incienso y azahar, entretejen un sutil y delicadísimo pañuelo que acariciara tan angelicales y perfectas manos. exhorto en tal derroche de hermosura, apenas torpemente pudiste llegar a sentenciar …”Mi Señora, desde hoy yo seré tu costalero” En un año, donde los días se hacían siglos, fuiste quitando una a una las hojas al calendario que cruelmente dilataba la agotadora espera. Por fin llegaron las vísperas cuaresmales y pudiste incorporarte a la ansiada trabajadera. Largas noches de aprendizaje, fueron conformando el trabajo de esta nueva incorporación, a la nutrida nomina de costaleros de Mérida. La anhelada culminación se iba a realizar y en la tarde noche del cofrade Martes Santo realizarías tu primera estación de penitencia bajo su manto. Durante el recorrido, la ilusión hacia disminuir la pesada carga y las horas marcadas se concentraron en un instante eterno. Dos de la madrugada, el ronco tañiz de la campana de la antigua ermita, nos anuncia que el Nazareno ha concluido su soberbia procesión y toda la atención recorre la calle Calvario, centrándose, en la protagonista indiscutible del momento. Primer toque de llamador. El silencio inunda la plaza y la tensa emoción asoma por humedecidos rostros que contemplan, tan sublime gallardía, encanto y esplendor. “Atentos a la llamada, los cuatro pateros por igual”. Con estas palabras el capataz ultima los detalles para una perfecta levanta. Segundo toque de llamador. La noche queda suspendida, fijada en la belleza inalcanzable, de la flor más hermosa y delicada del Edén. Jamás ojos vieron concentrada, tanta elegancia y primor en un ser. Madre mía!!, si así de guapas eres en la tierra, como no has de ser en el cielo. “José, en esta ultima chicota vamos a llevar a la Madre de Dios al cielo, con los hermanos que allí están haciendo, su última Estación de Penitencia” La multitud se agolpa, el hombro se fija a la trabajadora, la corneta alerta al acompañamiento musical y el leve tintineo de temblorosas bambalinas, anuncian la eminente eclosión del indescriptible momento. Estrella de mi horizonte Origen de mi locura Destino de mi amor. Reina del Martes Santo Esencia pura del piropo divino Derroche de hermosura y señorío Dulzura concebida sin pecado. Ángeles del cielo, con vítores aclamad Y abrid las gloriosas puertas con premura Por que va a hacer, soberana entrada triunfal María Santísima de la Amargura.
HE DICHO |
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